Ahora que debo hacerme cargo de mí mismo
tengo pocos deseos
una terraza
unas plantas
y poder mirar a los tanques de agua desde el ventanal.

En la mesa siguen los vestigios de la cena.
Momentos como estos tienen algo de impreciso.
Como esas tardecitas de verano
cuando la lluvia va sin limites
y las calles del barrio se inundan
y los autos forman olas al pasar.

En días así, cuando nadie sale
y los vendedores asoman sus cabezas por las persianas a media altura
y con semblante triste
miran y piensan
"esta lluvia...¿cuando va a cesar?"

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